Años Ancianos.

 

Niña, adolescente, adulta

Madre, abuela octogenaria

Son tus dones de Sra.

Que a la humanidad

Tú clamas.

 

Dime mujer, donde habitan

Hoy tus sueños y tus canas,

Quizás vivan olvidados, entre

Unas sabanas blancas.

 

Tu caminar se hace lento,

Acaricias los senderos

De Hojas secas y marchitas

Con tus pies, llenos de grietas.

 

Tus manos cansadas tiemblan

Esperando una caricia,

Cuya espera se hace eterna

No percibes ni la brisa.

 

Nadie te admira, aquel niño que

Entre tus brazos dormías, que

Abrazabas, adorabas,

Solo te envía sonrisas,

Será miedo, pues no quiere

Tocar ya tus canas frías.

 

Sientes que ningún lugar

Te sirve ya de morada

Tan solo te pertenece

Una lapida olvidada.

 

Tus arrugas surcos plenos

De inmensa sabiduría

Han marcado ya tu piel

Las huellas del sufrimiento.

 

Con la Mirada fija y observando

El ir y venir, de los que ya,

Te olvidaron,

Mujer, de Años pasados.

 

Permaneces callada, vives

En el silencio, observando

En el ocaso la marcha

De los atardeceres.

 

Será que alguien te olvido,

O tan solo clamas calor

Para el frío del olvido.

 

Será que alguien ya olvidó

Cuando tu piel fue lozana

Cuando tus tersos labios

Se enjugaban con el Alba.

 

Tus pies yacen inertes,

Auxilio pide al cielo,

Líbrame ya de estos fueros

Y tómame entre tus brazos.

 

Pues camine mil senderos,

Ilumíname con tu faro

Este cuerpo ya cansado

Que no quede en el olvido

A merced del desamparo.

Autora: María Santos Casado

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Años Ancianos por Maria Santos Casado está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-NoDerivatives 4.0 Licencia Internacional 

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By Naykara

Nuestro Lago

Los susurros de la noche, sosiegan mi alma

un escalofrió, recorre mi cuerpo

mientras, por las aguas de ese lago

se filtran  recuerdos de noches pasadas.

*******

Las cortinas a medio abrir

dejan entrar los suspiros

del verano, que lentamente se esfuman.

*******

Los vientos octubrinos se reprimen

en el viejo  lago, que se niega a olvidarte,

noches de luna llena,anunciando 

escarcha ,llenan nuestro lago

de hojas otoñales,

 el invierno esta cerca.

*******

Nuestra orilla se viste de colores,

de hojas secas, tejiendo,

 una alfombra persa,  a 

nuestros cuerpos desnudos

tendidos y entrelazados,

señalando un destino,

las nieves perpetuas.

*******

El lago se cubre de un manto blanco,

el viento compañero,vestido de niebla

llega a la cita, siempre  el primero.

*******

En medio de ellos,

la orquídea inerte,

sin hablar,  fría y tiesa.

Testigo indiscreto  del amor

de nuestro amor,

de nuestro lago

 silencioso .

*******

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Nuestro Lago por Maria Santos Casado está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-NoDerivatives 4.0 Licencia Internacional .

 

By Naykara

Vientos del Desierto

tuareg

 

-Los Hombres Azules

Del Libro, Vientos del Desierto:

-La tormenta de arena, juega con los mantos negros de una mujer, son los vientos del poniente. A la distancia y entre la densa bruma, se deja ver la silueta doblada, del alma errante, que huye, ¿de qué? que busca y clama por justicia. Nadie la oye, nadie contesta a sus peticiones, donde se encuentra ese Dios de la justicia, ¿Dónde?

– Su piel de curvas marcadas, por el caminar, entre las tempestades de una vida llena de carencias, es el hambre, el dolor, la injusticia, ¿habrá sido expulsada, vejada, violada?, pobre mujer del desierto.

-Un panal de acero, deja pasar unos rayitos de luz, ella sedienta los confunde, con manantiales cristalinos que calmaran su sed, se apresura, incluso corre, se cae una y otra vez, parece que lo alcanza, son espejismos.

– Cae una y otra vez, pero ya no se levanta, un sol de justicia quema las vestiduras de la miseria, del dolor.

-Aun sus ojos, no se cierran, fijos a las dunas doradas de arena caliza, se niegan a viajar a la oscuridad eterna, se niegan hacer ese viaje sin retorno.

-No muy lejos de allí los búhos reales han divisado la silueta oscura, del cuerpo inmóvil, latidos lentos y entrecortados, golpean el pecho de la esperanza.

-En el horizonte una caravana lenta, surca las dunas densas, los hombres azules sobre camellos viejos, intentan ganar la batalla al soldado invisible.
-En alguna roca lejana o montículo de arena, el jaguar observa la caravana, el búho real planea sobre el ardiente cielo.

-Un hombre azul divisa a los búhos reales, alerta a su caravana, alguien esta en peligro.
 -Saltan a la grupa del camello y galopan a través de las colinas doradas, ya no sienten ni les ciega el sol ni la densa arena, es un corazón tocado por los alisios de la salvación.
-Gritan y golpean una y otra vez a los camellos, ellos galopan con la velocidad del viento, son guerreros, conocedores de leyes

antiguas y supervivencia, saben que el peligro es inminente, y deben ser raudos y veloces.

– ¿Seguirá latiendo el corazón lento de la esperanza?

-Con gritos y agitamiento logran expulsar a los búhos reales que planeaban el ataque a la presa

– Said salta, levanta el cuerpo inerte de la de la mujer de negra vestidura. Acerca su oído al pecho, no oye nada, la zarandea una y otra vez, sin respuesta, duda antes de quitarla el burka ¿lo hará? Traicionara Said las leyes del Corán.
-Muy despacio, suave y casi acariciándola, descubre el hermoso rostro, de piel aceitunada, ¡es muy hermosa! Exclama, ¿por qué lleva burka?, ¿A quién pertenece, de donde viene? seguía preguntándose el joven Said, mientras trataba de que el manantial cristalino viajara por la garganta sedienta.

 Said, observa la llave en el cuello de la mujer, ¿Qué significa? Ante la duda, la arranca y casi sin ser visto la oculta de los ojos de la caravana, que se acerca.

-Lava su rostro, y la aprieta junto a su pecho, entona un cántico deseando que llegue al cerebro y al corazón.

-La caravana se instala, las mujeres arman el campamento, y esperan a Said, ellas son la ley del desierto. Un sonido y leve movimiento, le hace gritar a Said, ¡esta viva!, las mujeres se apresuran y la entran al campamento, lavan y visten. Se miran y murmuran entre ellas, saben que es de linaje, pero, ¿las marcas en sus manos y espalda?

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Vientos del Desierto por Maria Santos Casado está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-NoDerivatives 4.0 Licencia Internci acional

Autora: María Santos Casado